¿Bolsas plásticas? No, gracias
ZUNILDA MATA, La Habana | Mayo 09, 2016
En la tendedera, junto a los pantalones y la ropa interior, una bolsa de
polietileno se seca al sol para volver a ser usada, una escena que se
repite en miles de casas cubanas. Las jabitas ‒como se las conoce
popularmente ‒ se utilizan en Cuba no solo para acarrear los alimentos
desde el mercado o transportar todo tipo de mercancía, sino para tapar
agujeros, forrar libros o tejer sogas. Los plomeros echan mano de ellas
en ausencia de la cinta de teflón que se coloca al enroscar una tubería
y cuando cae un fuerte aguacero es común verlas sobre muchas cabezas
protegiendo el cabello.
Por eso, y a pesar del terrible impacto mediambiental que provocan, los
clientes se quejan cuando en las tiendas no les dan una de estas jabas
para cargar los productos. La ausencia de información en los medios
nacionales sobre el daño que causan las bolsas plásticas a medio
ambiente ha derivado en una falta de concienciación entre la población
en general.
Según la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, en el mundo se
utilizan entre 500.000 millones y 1 billón de bolsas plásticas al año,
de las que solo un 1% son recicladas
Según la Agencia de Protección Ambiental de EE UU, en el mundo se
utilizan entre 500.000 millones y 1 billón de bolsas plásticas al año,
de las que solo un 1% son recicladas. Las bolsas de polietileno tardan
en torno a 150 años en degradarse, lo que provoca suelos de mala calidad
por la absorción de compuestos tóxicos. Además, su elaboración es
altamente contaminante, tanto por el uso de petróleo en su fabricación
como por las pinturas tóxicas con las que se imprimen dibujos y
logotipos para personalizar las jabas.
Otros de los perjucios que provocan las bolsas, y que es motivo de gran
preocupación para Naciones Unidas, es el impacto sobre los océanos y
animales marinos. El Programa para el Medio Ambiente de la ONU calcula
que unos 6,4 millones de toneladas al año terminan en mares y ríos.
Además de los daños causados a los animales que las ingieren,
microcompuestos tóxicos utilizados en las bolsas regresan mediante la
cadena alimenticia al consumo humano a través de pescados y mariscos.
Con el fin de reducir el uso indiscriminado de estas bolsas, muchos
países llevan décadas tomando medidas disuasorias cuando no
penalizadoras. En Cuba, sin embargo, las autoridades no hablan de el
reemplazo gradual de este producto por otros menos dañinos.
Los pescadores cubanos han sido los primeros en ver con sus propios ojos
la cara oscura de estos envases. "He encontrado peces enredados en jabas
que la gente bota y una vez fue una tortuga con una en su cuello",
comenta Daniel, un joven residente en el poblado de Gibara. "Hay lugares
donde se acumulan porque las corrientes las arrastran hasta ahí y para
nosotros mismos son un problema", advierte.
Las alcantarillas son frecuente víctima de tupiciones cuando se mezclan
los envases plásticos con otro objetos flotadores, como latas de
refresco y en las calles y avenidas, volando por los aires son una
amenaza para conductores de motos y vehículos.
Cuando la era del cartucho de papel terminó en Cuba con la caída de la
Unión Soviética, tener una bolsa de nylon con el logotipo de alguna
tienda pasó a ser un símbolo de estatus. Hasta el día de hoy una manera
de llamarlas es justamente jabita Cubalse en recordatorio a la
corporación que manejaba las primeras tiendas en divisas que se abrieron
en la Isla.
A las jabitas de nylon frecuentemente se le dedican reportajes en el
noticiero estelar, donde se abordan los problemas con su abastecimiento
y la reventa ilegal que marca la distribución del producto. Hasta el
momento, el debate sobre su carácter contaminante y la necesidad de
regular su distribución no ha llegado a los espacios públicos.
En lugar de eso, el Ministerio de Industrias programó que en el 2014 se
producirían 1.387 millones de bolsas de polietileno, el doble del año
anterior, que se destinarían especialmente a las Tiendas Recaudadoras de
Divisas (TRD) y otras entidades pertenecientes al Ministerio de Comercio
Interior.
La fábrica Polialba en Cienfuegos, inaugurada en 2009 con financiamiento
proveniente de Venezuela, procesa 150 kilogramos de polietileno por hora
en cada una de sus máquinas de factura italiana. Por cada tonelada de
polietileno se obtienen 187.000 bolsas destinadas no solo a la red de
tiendas minoristas, sino también al turismo y la industria de
medicamentos. La industria está concebida para llevar la producción
hasta 250 millones de bolsas.
La gravedad del problema ha llevado a varios países europeos y algunas
ciudades de Estados Unidos a implementar reformas legales que pongan
freno a esta situación. La Unión Europea aprobó en 2015 una directiva
reducir a 90 las 198 bolsas que consume un europeo al año o conseguir
que a partir de 2018 no se entreguen bolsas de forma gratuita. Irlanda
fue el país pionero al obligar, en 2002, al pago de un impuesto (unos
0.15 euros), por el uso de estas bolsas. A la iniciativa se le han
sumado también otros países como Dinamarca, Australia, Italia y varias
ciudades de Estados Unidos. En España, la mayoría de grandes
supermercados han generalizado el uso de bolsas reciclables que, en todo
caso, suelen cobrar a entre 0,02 y 0,05 euros para disuadir al
consumidor del gasto indiscriminado. Pero en Cuba, el tema sigue
esperando por la voluntad gubernamental y la conciencia de los consumidores.
Source: ¿Bolsas plásticas? No, gracias -
http://www.14ymedio.com/sociedad/Bolsas-plasticas-gracias_0_1995400446.html
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