No a la concentración de riqueza
PEDRO CAMPOS | La Habana | 7 Mayo 2016 - 9:01 am.
El VII Congreso del PCC ha ratificado en su lineamiento 3 el rechazo a
la concentración de la propiedad y de la riqueza en pocas manos, en
referencia a las formas no estatales de producción. Si el aserto no
fuera tan sectario, excluyente y limitado, se hubiera ubicado entre los
grandes paradigmas perseguidas por los justicieros de todas las épocas,
pero su complemento deja fuera al principal, único y verdadero
concentrador de la propiedad y las riquezas en Cuba: el Estado que,
todos sabemos es administrado por una elite burocrática, que ejerce los
derechos de propiedad.
La concentración de las riquezas en manos de unos pocos, fueran
esclavistas, de la nobleza feudal o de la burguesía capitalista generó
contradicciones, sublevaciones, luchas y guerras que terminaron en
catástrofes nacionales, regionales, continentales y mundiales. La forma
asalariada de explotación capitalista produjo las más gigantescas
fuerzas productivas jamás imaginadas y generó un nuevo sistema
económico, social y político, más libre y menos explotador que los
anteriores, donde libertad, igualdad y fraternidad se convirtieron en
lemas de las grandes mayorías, pero donde una minoría cada vez menor
concentraba poder y riquezas, llegando en EEUU, hoy, a que el 1% de la
población concentre el 99% de la riqueza.
Las contradicciones naturales entre el capital y el trabajo se
acrecentaron y aparecieron las luchas de los trabajadores por aumentos
de salarios, pensiones, vacaciones, disminución de la jornada laboral,
igual pago por el mismo trabajo, derechos sindicales, etc., que
obligaron al capital a concesiones. Surgieron los partidos políticos de
los trabajadores, interesados en llevar sus peticiones y demandas a los
parlamentos y gobiernos.
La burguesía, en su lucha por mantener la hegemonía política y
económica, maniobra, y sus más preclaros representantes adoptan medidas
para satisfacer en parte las demandas obreras, llegando en algunos casos
a vender parte de sus propiedades a sus asalariados, en forma de acciones.
Algunos partidos de trabajadores llegan a considerar que la mejor forma
de resolver las contradicciones del capitalismo es tomar el poder por
cualquier vía, sea electoral-democrática o por medio de la violencia y
luchan contra los poderes establecidos por las burguesías y hasta logran
alcanzar participar en el poder.
Los partidos obreros que optaron por la vía socialdemócrata no enfrentan
al capital para superar el sistema de explotación asalariada, sino para
compartir el poder y por medio del control del Estado, desarrollar
políticas de amplio alcance de beneficio social para los trabajadores y
las clases desposeídas.
Los partidos comunistas en Rusia y China llegan al poder por la vía
violenta, luego de revoluciones democrático-burguesas que habían
removido los cimientos del sistema feudal, donde las burguesías no
pudieron hegemonizar el proceso revolucionario, como en Europa, ante el
empuje de los grupos más radicales. Creyeron que apropiándose de los
medios de producción de la burguesía y manteniendo el trabajo
asalariado, estaban haciendo socialismo, pero al concentrar la riqueza
de nuevo en pocas manos, terminaron recreando un capitalismo monopolista
de Estado administrado por una burocracia que terminó generando las
mismas y hasta peores contradicciones que el propio capitalismo privado.
Por eso fracasaron.
De otro lado, grupos cada vez mayores de asalariados decidieron luchar
por crear sus propias riquezas, sin arrebatarlas a nadie y así fueron
buscando su liberación de la explotación capitalista en la creación de
sus propias empresas pequeñas y medianas, privadas o de carácter
asociado, cooperativas, mutuales, en asociaciones de diverso tipo,
convirtiéndose en el embrión del nuevo modo de producción sustentado en
el trabajo libre, privado o asociado que se impondría, como está
sucediendo en todas partes, no por ley sino por superioridad en todo
sentido. Esto es socialismo desde abajo, sin tener que expropiar al capital.
Hoy en Cuba, la opción estatal-asalariada, del tradicional socialismo
real, fracasado, adoptada por el grupo que controla el Gobierno, el
Estado y el partido único, ha llevado igualmente a la concentración de
las riquezas, pero en manos de la elite burocrática, a niveles
relativos superiores incluso que los propios capitalistas de EEUU. Aquí
mucho menos del 1% de la población concentra la propiedad, la riqueza y
el poder político, solo que "en nombre de la clase obrera".
Aceptando sus buenas intenciones de bienestar y justicia social, lo
real es que con su capitalismo monopolista de Estado y su
correspondiente modelo político centralizado, se han creado diferencias
abismales de clases entre los burócratas y sus obreros. Son unos pocos
los que toman las decisiones, y los trabajadores y el pueblo quedan
limitados a hablar cuando se les permite, a cumplir instrucciones de
arriba y a recibir por su trabajo lo que decide la burocracia.
El VII Congreso del PCC ratificó su rumbo estatalista, junto con su
oposición a la concentración de la riqueza pero solo a las que estén en
manos de los emprendedores no estatales, sin fijar montos y dejando
abierta la puerta a cualquier nueva barbaridad tipo "Ofensiva
Revolucionaria" como la de 1968 o similar. Limitación que debería ser
impuesta, en primer lugar al Estado, que ha despilfarrado en planes
improductivos y quiméricos sin base económica alguna, propiedades y
riquezas que han sido fruto del trabajo de los asalariados cubanos
durante más de medio siglo, de los préstamos y regalías internacionales
y de las remesas de los cubanos residentes en otros países.
Es esa concentración y centralización de la propiedad y la riqueza en
manos de unos pocos la causa principal de todos nuestros males
económicos, políticos y sociales actuales. Estatalismo no es socialismo,
está más que demostrado. El Estado todo poseedor y decisor es el que, en
Cuba, hace las veces de burguesía explotadora, por mantener la
concentración de la propiedad y el sistema de trabajo asalariado,
impidiendo el pleno desarrollo de las formas de trabajo libre, privadas
y asociadas, de tipo autogestionario, propiamente socialistas.
Cuba necesita leyes antimonopolios, vía principal para evitar la
concentración excesiva y dañina de riquezas, pero que afecten sobre todo
al Estado y sus monopolios militares y civiles, los únicos que existen
en Cuba. Sus propiedades deberán ser desconcentrados y vendidos,
arrendados o concesionadas, en primer lugar a sus propios trabajadores
organizados en formas cooperativas, o auto y cogestionada con el
Estado, el municipio o con privados, o entregadas al capital privado
nacional (cubanos de dentro y fuera) y, si los trabajadores ni el
capital nacional pueden hacerlas producir entre ellos con ayuda del
Estado y los bancos, entonces darle participación al capital extranjero,
preferiblemente en forma asociada.
Igual, toda esa riqueza que se recauda por impuestos y operaciones de
compañías estatales y se concentra en el Estado central, debería
desconcentrarse y avanzar hacia los presupuestos participativos locales,
de manera que sean los municipios, los que decidan qué hacer con una
parte de los ingresos que recaudan.
Eso sería democratizar la economía, socializarla, desestatizarla, romper
sus amarras.
De acuerdo: digamos NO a la concentración de la propiedad y la riqueza.
Pero a toda, especialmente a la del Estado.
Source: No a la concentración de riqueza | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1462566618_22205.html
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